El agua es primordial para la vida. Es utilizada en el organismo para el transporte de otros nutrientes y desechos, regular la temperatura, mantener la estructura de los tejidos y ayudar a las funciones celulares.

Con el envejecimiento aparecen diversos cambios fisiológicos que pueden afectar la capacidad de mantener el balance hídrico. Estos cambios incluyen la disminución del total de agua corporal asociada a la pérdida de masa magra corporal, la disminución de la sensación de sed y la disminución de la capacidad de los riñones para concentrar la orina. La deshidratación es el trastorno hidroelectrolítico más frecuente en las personas mayores.

Los primeros síntomas de deshidratación son: sequedad de mucosas, agitación, constipación, orina escasa, concentrada, oscura y con olor fuerte, mareos, debilidad o vértigo, dolor de cabeza, pérdida de apetito, rubor en la piel, intolerancia al calor y ardor de estómago.

En la Residencia Vergel Senior se han establecido unas estrategias para mantener una buena hidratación de nuestros mayores: aumentar la ingesta de líquidos, enseñar a las personas mayores a beber cuando no tienen sed, facilitar el acceso al agua e identificar a las personas de riesgo para establecer un mayor control.